• Revista Internacional de Investigación en Adicciones 2017 Vol. 3 (1)
  • ISSN versión impresa: 2448-573X
  • ISSN en línea: 2448-6396
  • DOI: 10.28931/riiad.2017.1.05
  • Recibido: 6 de abril de 2017
    Aceptado: 24 de abril de 2017

Artículo original

Fortalezas internas y externas de adolescentes que no consumen alcohol

Mydori Harumi Téllez Vásquez 1 , Carlos Omar Sánchez-Xicoténcatl 1 , Patricia Andrade Palos 1

1 Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

Patricia Andrade Palos. Calle Aldama núm. 86, col. Del Carmen, del. Coyoacán, C.P. 04100, Ciudad de México. Tel: +52 (55) 5575 2666. Correo electrónico: p.andradepalos@gmail.com.

Abstract

Introduction: alcohol consumption in Mexican adolescents is a public health problem, so research efforts should focus on prevention. This study is based on Benson’s model of assets (2007), which mention that young people have individual and contextual resources that promote positive development and limit their involvement in risk behavior.

Objective: to analyze differences in internal and external assets in high school students with different levels of alcohol consumption.

Method: participants were 990 students from public secondary schools in Mexico City, 52.1% female and 47.9% male, the mean age of participants was 13.6 years. Seven internal and seven external assets were evaluated.

Results: 53.9% of the participants never consumed alcohol, 28.3% had consumed but never or only once they had abused and 17.8% reported abusing consumption in the last month. Men and women who have not consumed alcohol reported significantly higher scores on internal assets. In the case of external assets, young people who have not consumed alcohol also scored significantly higher in all assets, except for healthy friends in both men and women and support and supervision of the father in men.

Discussion and conclusions: the results contribute to the explanation of alcohol consumption among young people and provide elements for the design of interventions to emphasize the assets that should be promoted to prevent young people from drinking alcohol at an early age.

Key words: assets, alcohol consumption, adolescents, high school students.

Resumen

Introducción: el consumo de alcohol en adolescentes mexicanos es un problema de salud pública, que requiere enfocar los esfuerzos de investigación en la prevención. Este estudio se basa en el modelo de fortalezas de Benson (2007), quien plantea que los jóvenes poseen recursos individuales y contextuales que promueven un desarrollo positivo y limitan el involucramiento en conductas de riesgo.

Objetivo: analizar las diferencias en fortalezas internas y externas entre estudiantes de secundaria que presentan diferentes niveles de consumo de alcohol.

Metodo: participaron 990 estudiantes de secundarias públicas de la Ciudad de México, 52.1% mujeres y 47.9% hombres, de una media de edad de 13.6 años. Se evaluaron siete fortalezas internas y siete externas.

Resultados: 53.9% de los participantes nunca ha usado alcohol, 28.3% sí lo ha consumido pero nunca o sólo una vez ha abusado, y 17.8% reportó haber abusado del consumo en el último mes. Hombres y mujeres que no han usado alcohol reportaron puntajes significativamente más altos en fortalezas internas. En el caso de las fortalezas externas, los jóvenes sin consumo fueron los que obtuvieron puntajes más altos, excepto en amigos saludables (tanto hombres como mujeres), y en apoyo y supervisión del padre (hombres).

Conclusiones: los resultados contribuyen a la explicación del consumo de alcohol en jóvenes y proporcionan elementos para el diseño de intervenciones, pues señalan las fortalezas que deben promoverse para evitar que los jóvenes consuman alcohol a edades tempranas.

Palabras clave: fortalezas, consumo de alcohol, adolescentes, estudiantes de secundaria.

INTRODUCCIÓN

En la Ciudad de México, el consumo de alcohol en adolescentes escolarizados es alto; datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes (ENCODE) mencionan que 24.3% de los hombres y 24% de las mujeres que cursan la secundaria consumieron alcohol en el último año; y 16.4% de los hombres y 17.4% de las mujeres, en el último mes; además, 8.9% de los hombres y 8.3% de las mujeres presentaron patrones de consumo excesivo (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Comisión Nacional contra las Adicciones, & Secretaría de Salud, 2014).

Tradicionalmente, la mayoría de los estudios con jóvenes se enfocaba en los problemas y los factores de riesgo de esta etapa de vida, pues los adolescentes eran considerados como agentes problemáticos, personas difíciles que protagonizaban los principales conflictos de la sociedad (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en México, 2008); en la actualidad, se ha propuesto un nuevo paradigma en el que se conceptualiza al joven como un individuo con habilidades y capacidades. Este enfoque denominado Desarrollo Positivo del Adolescente (PYD, por sus siglas en inglés) representa una visión distinta del joven: destaca sus potencialidades, en lugar de subrayar las problemáticas que pueden aparecer en esta etapa (Damon, 2004). Esta aproximación al estudio del desarrollo del adolescente introdujo una visión más afirmativa de los jóvenes, quienes son considerados como recursos, más que como problemas para la sociedad (Lerner et al., 2005).

Heck y Subramaniam (2009) señalaron que existen cinco modelos que se basan en el PYD, entre ellos el de Fortalezas de Benson, que considera aspectos individuales y contextuales que influyen en el desarrollo positivo del adolescente (Benson, 2007). Benson define las fortalezas como relaciones clave, oportunidades, valores, habilidades y autopercepciones que ayudan a los jóvenes a limitar su involucramiento en conductas de riesgo, demostrar resiliencia ante la adversidad y ser productivos (Benson, Scales, Hamilton, & Sesma, 2006).

Benson propuso 40 fortalezas, 20 internas y 20 externas, que se agrupan en ocho categorías (Benson, Scales, & Syvertsen, 2011); las cuatro categorías en las que se clasifican las fortalezas internas son: 1) compromiso hacia el aprendizaje (ej. compromiso escolar, motivación de logro), 2) valores positivos (ej. responsabilidad, moderación), 3) competencias sociales (ej. planeación y toma decisiones, habilidades de resistencia a la presión) y 4) identidad positiva (ej. autoestima, visión positiva del futuro personal). Las categorías de las fortalezas externas son: 1) apoyo/soporte (ej. apoyo familiar, comunicación familiar positiva), 2) empoderamiento (ej. valores de la comunidad a la que pertenecen los jóvenes, servicio a otros), 3) límites y expectativas (ej. límites familiares, modelos de adultos, influencia positiva de pares) y 4) uso constructivo del tiempo (ej. actividades creativas, tiempo en el hogar).

Es amplia la investigación sobre los factores asociados con el consumo de alcohol en los jóvenes, algunos autores se refieren a los factores de riesgo y otros a los de protección; estos últimos serían similares a las fortalezas planteadas por Benson et al. (2011). Algunos factores individuales que podrían considerarse fortalezas internas y que, se ha demostrado, se relacionan con la ausencia del consumo de alcohol son las aspiraciones, la visión positiva hacia el futuro, el cumplimiento de normas en la comunidad y en la escuela, una alta autoestima y la autosatisfacción (Martínez & Robles, 2001; Oman et al., 2004).

Otros autores reportan que factores individuales como la importancia atribuida a la propia salud (Martínez & Robles, 2001), la habilidad para solucionar problemas (Cid-Monckton & Pedrão, 2011; Fang, Barnes-Ceeney, & Schinke, 2011), la expresión asertiva del enojo (Alfaro, Sánchez, Andrade, Pérez, & Montes, 2010; Pérez, 2012), el uso del tiempo libre en actividades religiosas (Beebe et al., 2008) y la religiosidad (Piko, Kovacs, Kriston, & Fitzpatrick, 2012; Wells, 2010) fungen como factores de protección ante el consumo de alcohol. En México, Andrade, Pérez, Alfaro, Sánchez y Montes (2009) y Sánchez-Xicoténcatl, Andrade, Betancourt y Vital (2013) encontraron que los jóvenes que presentan altos niveles de resistencia a la presión de pares y de la pareja reportan menos consumo de alcohol y tabaco en comparación con sus pares que tienen bajos puntajes en esta habilidad, considerada como una fortaleza interna.

Con relación a los factores del ámbito familiar, algunos estudios mencionan que los adolescentes que no usan alcohol o que consumen poco presentan mayor comunicación con sus padres (Cid-Monckton & Pedrão, 2011; Oman et al., 2004; Solórzano et al., 2016), más supervisión por parte de ellos y mejores vínculos parentales (Andrade, Sánchez-Xicoténcatl, Demetrio, Gonzá- lez, & Betancourt, 2015; Bobakova, Madarasova, Klein, Reijneveld, & Van Diijk, 2012; Kaynak et al., 2013; Light, Greenan, Rusby, Nies, & Snijders, 2013; Martínez & Robles, 2001), así como menos ingesta de alcohol de los padres (Armendáriz et al., 2014; Bobakova et al., 2012; Espada, Pereira, & García-Fernández, 2008; Glanton & Wulfert, 2013; Handley & Chassin, 2013; Lema, Varela, Duarte, & Bonilla, 2011).

La influencia positiva de los pares, que Benson et al. (2011) consideran como una fortaleza externa, es un factor que de manera consistente se asocia con el no consumo de alcohol (Espada et al., 2008; Light et al., 2013; Oman et al., 2004; Ossgood et al., 2013). En México, un estudio realizado por Andrade et al. (2015) reportó que no tener amigos que se involucren en conductas de riesgo, como usar alcohol, tabaco y drogas, es una fortaleza característica de los jóvenes que no consumen alcohol.

Otra fortaleza externa se refiere al uso constructivo del tiempo: cuando los jóvenes utilizan su tiempo libre en actividades saludables, disminuye la probabilidad de usar alcohol (Beebe et al, 2008; Cid-Monckton & Pedrão, 2011; Kaynak et al., 2013); sin embargo, cuando existe facilidad de conseguir ésta y otras drogas se incrementa la probabilidad de consumir (Ruiz & Medina-Mora, 2014; Wagner et al., 2003).

En México, es poca la investigación realizada bajo el enfoque del PYD, por lo que se realizó este estudio con el fin de probar la hipótesis que plantea que los jóvenes que no usan alcohol tienen puntajes significativamente más altos en fortalezas internas y externas, en comparación con los que sí lo consumen.

MÉTODO

Participantes

La muestra fue no probabilística y estuvo conformada por 990 estudiantes de dos secundarias públicas de la Ciudad de México del turno matutino: 52.1% (516) mujeres y 47.9% (474) hombres. La media de edad fue de 13.6 años (DE = 1.04); 31% cursaba el primer año de secundaria, 32.2% el segundo y 36.6% el tercero (.2% no mencionó el grado). La mayoría (71.6%) reportó vivir con ambos padres, 56.8% mencionó que el padre trabaja tiempo completo (ocho horas o más) y 32.8% refirió que la madre trabaja tiempo completo. 71% de los adolescentes señaló que el nivel educativo del padre es de educación media superior, mientras que 68.7% dijo que la madre tiene este mismo nivel educativo.

Instrumentos

Para evaluar las fortalezas internas y externas se utilizó el cuestionario de Andrade (2014), que consta de 77 reactivos con cinco opciones de respuesta tipo likert. Las fortalezas internas evaluadas fueron: responsabilidad (3 reactivos, α = .65), importancia de la salud (6 reactivos, α = .87), evitación de conductas de riesgo (3 reactivos, α = .91), resistencia a la presión de pares (4 reactivos, α = .80), importancia de la religión (5 reactivos, α = .92), toma de decisiones (5 reactivos, α = .88) y expresión del enojo (4 reactivos, α = .88). Las fortalezas externas evaluadas fueron: apoyo y supervisión del padre (13 reactivos, α = .96), apoyo de la madre (9 reactivos, α = .94), supervisión de la madre (4 reactivos, α = .81), reglas en casa (5 reactivos, α = .73), amigos sin conductas de riesgo (4 reactivos, α = .86), amigos saludables (4 reactivos, α = .64) y no acceso a drogas (8 reactivos, α = .91).

Cabe mencionar que el instrumento se elaboró con base en un estudio piloto que sirvió para definir las fortalezas que se evaluarían en adolescentes mexicanos (Andrade, Morales, Sánchez-Xicoténcatl, & González-González, 2013). De manera posterior, se llevaron a cabo análisis factoriales exploratorios y confirmatorios en dos muestras de estudiantes. El análisis confirmatorio presentó un buen ajuste para un modelo de seis fortalezas internas y cinco externas (Betancourt, Andrade, & Sánchez-Xicoténcatl, en prensa); en el presente estudio se añadió una fortaleza interna (expresión del enojo) y una externa (no acceso a drogas).

Para medir el consumo de alcohol se utilizaron tres reactivos de la ENCODE (2014):

  1. 1. ¿Alguna vez en toda tu vida has tomado una copa completa de alguna bebida alcohólica como cerveza, vino, etc.? A los jóvenes que respondieron sí a esta pregunta se les hicieron las dos siguientes:
  2. 2. ¿Qué edad tenías la primera vez que tomaste una copa completa de alguna bebida alcohólica?
  3. 3. ¿Con qué frecuencia has tomado cinco o más copas de cualquier bebida alcohólica en una sola ocasión? con cinco opciones de respuesta: 1 = nunca en el último año, 2 = por lo menos una vez en el último año, 3 = una vez en el último mes, 4 = de dos a tres veces en el último mes, y 5 = una o más veces en la última semana

Con base en las respuestas a las preguntas 1 y 3, se conformaron tres grupos: 1) jóvenes que nunca han consumido alcohol; 2) jóvenes que sí han consumido alcohol pero nunca o sólo una vez cinco o más copas en una sola ocasión, y 3) jóvenes que sí han consumido alcohol y han tomado cinco o más copas al menos una vez en el último mes.

Procedimiento

Una vez que las autoridades del plantel dieron autorización, se aplicó el instrumento en los salones de clase. Antes de iniciar la aplicación a los alumnos se les mencionó lo siguiente: “se está realizando una investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México con el fin de conocer lo que piensan, sienten y hacen los jóvenes de su edad, para lo cual les solicitamos que respondan este cuestionario. Es importante que sean sinceros y no dejen preguntas sin responder”. El cuestionario fue anónimo y se solicitó la participación voluntaria de los jóvenes.

RESULTADOS

Se realizaron análisis descriptivos para conocer el patrón de consumo de la muestra. La media de edad de inicio de consumo de alcohol fue de 12.06 años (DE = 1.86), en hombres de 11.90 años (DE = 2.08) y en mujeres de 12.16 años (DE = 1.69).

En la Figura 1 se aprecia que una ligera mayoría de los jóvenes (53.9%) reportó nunca haber consumido alcohol; sin embargo, 17.8% abusó del uso de esta sustancia (cinco o más copas en una sola ocasión en el último mes). Respecto al patrón de consumo en hombres y mujeres, se observa que un mayor porcentaje de los hombres reportaron nunca haber bebido alcohol y un mayor porcentaje de las mujeres está abusando de la sustancia (Figura 2).

 

Para analizar las diferencias en las fortalezas internas y externas de los tres grupos conformados de adolescentes, se realizó un análisis de varianza y la prueba post hoc de Games Howell. Se eligió esta prueba debido a que el número de participantes era diferente en cada grupo.

La Tabla 1 muestra los datos relacionados con las fortalezas internas ante el consumo de alcohol en hombres, mientras que en la Tabla 2 se presentan los datos de las mujeres. Tanto en hombres como en mujeres se pueden observar diferencias significativas en todas las fortalezas evaluadas; los puntajes más altos correspondieron a quienes nunca han consumido alcohol.

 

Respecto a las fortalezas externas, la Tabla 3 muestra las diferencias en hombres y la Tabla 4 las encontradas en mujeres. Al igual que en las fortalezas internas, se encontraron diferencias significativas en todas las fortalezas externas evaluadas, a excepción de tener amigos saludables y el apoyo y supervisión del padre; tener amigos saludables fue la única fortaleza en la que no se obtuvieron diferencias estadísticamente significativas; quienes no han consumido alcohol fueron los que obtuvieron puntajes más altos.

 

DISCUSIÓN

La hipótesis planteada se comprobó, ya que quienes informaron que nunca han consumido alcohol obtuvieron puntajes significativamente más altos en fortalezas internas y externas. Además, los datos de este estudio corroboran lo reportado en otras investigaciones que señalan el inicio del consumo a edades tempranas, pero contradice los resultados de la ENCODE (2014) con respecto al abuso, ya que en esta muestra las mujeres reportaron mayores puntajes. En encuestas anteriores ya se mostraba que las diferencias en el consumo de alcohol entre hombres y mujeres era cada vez menor, pero no se reportaban datos en los que las mujeres abusaran más que los hombres; por ello se requiere de otros estudios que confirmen estos resultados, a fin de analizar con más profundidad si lo encontrado está pasando a nivel general entre los jóvenes o si fue una característica de la muestra estudiada.

Los puntajes de las fortalezas internas encontrados confirman los resultados de Martínez y Robles (2001), quienes señalaron que el no consumo de alcohol se asocia con el cumplimiento de compromisos personales, aspecto relacionado en este estudio con la responsabilidad percibida por los jóvenes. Las fortalezas sobre la importancia de la salud propia y la evitación de conductas de riesgo se han reportado en otras investigaciones como aspectos vinculados con el no consumo de alcohol (Leffert et al., 1998; Martínez & Robles, 2001; Oman et al., 2004), lo cual se corroboró en este estudio.

Beebe et al. (2008) encontraron que los jóvenes que no usan alcohol son los que dedican parte de su tiempo libre a actividades religiosas; esto se relaciona con la fortaleza que en este estudio se denominó “importancia de la religión”, que se refiere a las creencias de los jóvenes en un ser superior, a confiar en sus creencias religiosas y a considerar que tener una religión es importante en su vida. También coincide, de alguna manera, con la religiosidad como factor protector del consumo (Piko et al., 2012; Wells, 2010).

La habilidad de resistencia a la presión de pares es una fortaleza que ha sido ampliamente estudiada y que en México se ha encontrado asociada con el no consumo (Andrade et al., 2009; Sánchez-Xicoténcatl et al., 2013), lo que se confirma en este estudio.

Fang et al. (2011) reportaron que la habilidad de solución de problemas y la autoeficacia son fortalezas asociadas con el no consumo de alcohol, lo cual coincide con los resultados de este estudio, pues los jóvenes que no han usado alcohol tuvieron puntajes más altos en la habilidad de toma de decisiones. La expresión asertiva del enojo como fortaleza en no usuarios corrobora los resultados de Alfaro et al. (2010) y Pérez (2012) en estudiantes mexicanos.

La supervisión y el apoyo de los padres es una fortaleza que en varios estudios se reporta como un factor protector del consumo de alcohol y otras sustancias (Abar, Turrisi, & Mallet, 2014; Andrade et al., 2015; Bobakova et al., 2012; Cid-Monckton & Pedrão, 2011; Kaynak et al., 2013; Light et al., 2013; Oman et al., 2004), lo que concuerda con lo encontrado en esta investigación, donde se muestra que la supervisión constante y el interés de los padres por las actividades y los amigos de sus hijos disminuyen el nivel de consumo, en contraste con los jóvenes que perciben que sus padres no les brindan apoyo ni supervisión. Resalta que en este estudio el apoyo y la supervisión del padre no hayan mostrado diferencias entre los jóvenes que han y no han consumido alcohol, lo cual podría explicarse por el hecho de que el apoyo y la supervisión de los padres fueron analizados por separado, mientras que en la mayoría de las investigaciones se evalúan de manera conjunta.

Fortalezas como tener amigos sin conductas de riesgo y no tener acceso a drogas también se han asociado con el no consumo (Andrade et al., 2015; Espada et al., 2008; Oman et al., 2004; Ossgood et al., 2013; Ruiz & Medina-Mora, 2014; Wagner et al., 2003), lo que muestraa necesidad no sólo de desarrollar la habilidad de resistencia a la presión de pares, sino de incluir en los programas de prevención temáticas como la importancia de la elección de amigos; de la misma forma, nos indican la obligación de fortalecer políticas públicas encaminadas a restringir a los menores de edad la compra de alcohol.

Larson y Tran (2014) señalaron que no existe una definición consensuada ni una forma estandarizada de operacionalizar y medir las fortalezas, lo que hace difícil la comparación de los resultados de diferentes estudios. No obstante y a pesar de las diferencias en las definiciones y la operacionalización de las fortalezas, se puede afirmar que si un adolescente posee una mayor cantidad de ellas, tendrá más recursos para afrontar los cambios propios de su edad, así como menos probabilidades de involucrarse en conductas de riesgo.

Los resultados de este estudio contribuyen a la explicación del consumo de alcohol en jóvenes y proporcionan elementos para el diseño de intervenciones, pues hacen hincapié en las fortalezas que deben promoverse para evitar que los jóvenes consuman alcohol a edades tempranas. Además, se debe considerar que cualquier intervención tendrá más posibilidades de ser exitosa si se basa en resultados de estudios empíricos.

Si bien este trabajo proporciona datos importantes para la explicación del consumo de alcohol en adolescentes, los resultados no son concluyentes debido a que no se trabajó con una muestra representativa; se requieren más estudios que permitan confirmar o refutar estos resultados.

FINANCIAMIENTO

Este estudio fue financiado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) mediante el proyecto 247574 “Programa de promoción de la salud en estudiantes de secundaria”. Los hallazgos y opiniones de los autores no necesariamente reflejan las del patrocinador.

CONFLICTOS DE INTERÉS

Esta investigación no presenta conflictos de interés respecto a los datos presentados.

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