Artículo original
Mitzy Grinely Maldonado Osuna 1 https://orcid.org/0009-0004-0481-6565 , Claudia Cecilia Norzagaray Benítez 1 https://orcid.org/0000-0003-4695-112X , Ma. Guadalupe González Lizárraga 1 https://orcid.org/0000-0001-6716-7372 , Gabriel Bernardo López Pérez 2 https://orcid.org/0000-0002-3082-0961
Autor de correspondencia: Mitzy Grinely Maldonado Osuna. Universidad de Sonora. Boulevard Luis Encinas y Av. Rosales, S/N, col. Centro, C.P. 83000, Hermosillo, Sonora, México. Correo electrónico: grinely.maldonado@unison.mx
Introducción: la brecha de género que existía en el pasado entre hombres y mujeres adolescentes en cuanto al consumo de drogas,prácticamente ha desaparecido; no obstante, la perspectiva de género es relativamente nueva en el estudio del consumo de drogas, especialmente en México. Con frecuencia, las investigaciones han ignorado la premisa de que el género está separado y es diferente del sexo, y se han enfocado principalmente en identificar las diferencias de consumo en función del sexo, lo que conduce a un conocimiento limitado de cómo las normas culturales podrían estar involucradas en la iniciación, uso y abuso de drogas de los adolescentes.
Objetivo: construir y validar una escala que mida los roles de género en el consumo de sustancias.
Método: se efectuó un estudio transversal en 706 estudiantes de secundarias públicas del estado de Sonora. Se realizó un análisis factorial exploratorio y confirmatoriopara establecer la relación entre las variables observadas y las dimensiones latentes.
Resultados: el análisis factorial demostró la validez de la escala y confirmaron la existencia de una estructura de cuatro factores: (F1) expectativas sociales del consumo de drogas; (F2) motivos de consumo en mujeres; (F3) normas sociales del consumo de drogas, y (F4) motivos de consumo en hombres. El modelo mostró un ajusteadecuado y una alta confiabilidad.
Discusión y conclusiones: la escala es idónea para emprender investigaciones que exploren cómo influyen los roles de género en el consumo de drogas de los adolescentes mexicanos.
Palabras clave: roles de género, género, uso de sustancias, adolescencia, estudios de validación.
Introduction: the gender gap that existed in the past between adolescent males and females in terms of drug use has now practically disappeared. However, the gender perspective is relatively new in the study of drug use, especially in Mexico. Frequently, research has overlooked the premise that gender is separate and distinct from sex, focusing primarily on identifying consumption differences based on sex. This has led to a limited understanding of how cultural norms might be involved in the initiation, use, and abuse of drugs among adolescents.
Objective: to construct and validate a scale that measures gender roles in substance use.
Method: a cross-sectional study was carried out in 706 public high school students in the State of Sonora. An exploratory and confirmatory factor analysis was performed to establish the relationship between the observed variables and the latent dimensions.
Results: factor analysis demonstrated the validity of the scale and confirmed the existence of a four-factor structure: (F1) social expectations of drug use; (F2) motives for drug use in women; (F3) social norms of drug use, and (F4) motives for drug use in men;the model showed an adequate fit and high reliability.
Discussion and conclusions: the scale is ideal for undertaking research to explore how gender roles influence drug use among Mexican adolescents.
Key words: gender roles, gender, substance use, adolescence, validation studies.
INTRODUCCIÓN
En la actualidad, el uso de drogas se ha convertido en un problema de salud a nivel mundial. Según informes recientes de organismos internacionales, los patrones de consumo de drogas están cambiando, ya que en muchos países se está incrementando el uso de sustancias adictivas por parte de las mujeres y se observa el inicio del consumo a edades más tempranas (Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito [UNODC], 2022). Esta situación ha movilizado a las sociedades y gobiernos para hacer frente a tal situación, especialmente para ayudar a comprender las causas y evitar su comienzo debido a que iniciar el uso de drogas, tanto lícitas como ilícitas, en las primeras etapas del desarrollo con lleva a mayores probabilidades de desarrollar trastornos y dependencia en periodos posteriores que quienes comienzan a consumir en la edad adulta (McCabe et al., 2022; Volkow & Wargo, 2022).
La adolescencia se considera un periodo de riesgo para el uso excesivo de sustancias debido a la relevancia que tiene la búsqueda de identidad y la aceptación por el grupo de pares, dado que influyen en las decisiones que toman (Kahnet al., 2019). En los últimos años, el consumo de drogas se ha convertido en una práctica de aceptación o rechazo para la pertenencia a diferentes grupos, al ser considerada como una conducta arriesgada o que infringe las normas sociales (Calero et al., 2022).
De acuerdo con la Comisión Nacional contra las Adicciones (2021), aunque el consumo de drogas es más común entre los hombres que entre las mujeres adolescentes, esta diferencia parece estar disminuyendo en los últimos años. Según los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2022 (ENSANUT Continua 2022), reportados por Ramírez-Toscano et al. (2023), el porcentaje de adolescentes mexicanas consumidoras de alcohol es de 19.2%, cifra muy similar a la de los hombres con 22%. De igual manera, las adolescentes mexicanas se han acercado considerablemente a los varones en el consumo de sustancias ilegales, como los cigarros electrónicos. En la población adolescente en general, aproximadamente el 2.6% reportó haber utilizado este dispositivo, lo que representa cerca de 500,000 jóvenes. La prevalencia fue de 2.1% en mujeres (alrededor de 200,000) y de 3% en hombres (alrededor de 300,000) (Barrera-Núñez et al., 2023).
Lo anterior evidencia que el uso y la apreciación de las sustancias por parte de las adolescentes ha cambiado significativamente en los últimos años.
Hoy en día, muchas personas en nuestro país reconocen que los roles de género han cambiado en comparación con épocas anteriores, de manera que las mujeres gozan de mayor acceso a oportunidades que antes les eran restringidas (Croft et al., 2020; England et al., 2020). Sin embargo, estos cambios sociales y culturales han generado nuevas formas de expresión de los roles de género que deben ser comprendidas de manera más profunda, especialmente cómo influyen en comportamientos como el consumo de drogas en los adolescentes. Ello debido a que las normas y expectativas sociales, que definen lo que se considera adecuado o permitido para cada género, han generado un contexto donde la población adolescente enfrenta presiones y estigmas específicos relacionados con su comportamiento, incluidas sus decisiones sobre el consumo de sustancias (Alvarez-Aguirre et al., 2021). Estas presiones y estigmas pueden tener efectos diferenciados en la forma en que experimentan y responden al consumo de sustancias (Torres-Lorenzo et al., 2022).
Por un lado, las mujeres pueden experimentar un estigma social adicional si se desvían de las expectativas tradicionales de feminidad, lo que incluye el consumo de sustancias (García, 2019). En muchas culturas, las consumidoras de drogas son etiquetadas de manera más negativa que los hombres, lo que puede generar sentimientos de vergüenza o culpa (Portela, 2021). Esto podría influir en que las adolescentes consuman drogas en secreto y opten por sustancias que faciliten su ingesta, como una forma de evitar consecuencias sociales o incluso desafiar las normas de género de una sociedad que las restringe (García, 2019). Por otro lado, los hombres pueden sentirse presionados por medio de las expectativas de género para consumir sustancias como una forma de disposición para asumir riesgos (Heilman et al., 2017; Vallejo-Alviter et al., 2023), lo que puede llevar a un consumo más abierto y, a menudo, más arriesgado (Rodríguez et al., 2019).
La formación de la identidad de género es un asunto constante durante la adolescencia debido a las significativas transformaciones que atraviesan, y ello de alguna u otra forma los obliga a reconocerse como hombre o mujer y asumir roles y actitudes que la sociedad establece para cada uno (Sánchez-López & Limiñana-Gras, 2017).Es fundamental explorar cómo dichos roles de género están implicados con el consumo de drogas de los adolescentes, ya que puede influir significativamente en su comportamiento y sus decisiones de consumo (Fernández et al., 2019).
La teoría del esquema de género propuesta por Bem (Starr & Zurbriggen, 2016) sostiene que la identidad de género se estructura a partir de las construcciones culturales sobre lo que se considera un comportamiento adecuado para cada sexo, por lo que una vez que un individuo se identifica como “niño” o “niña”, se establece un marco en el que la persona puede internalizar los roles sociales asociados a esa etiqueta, y en consecuencia, adoptar las conductas que la cultura espera de él o ella. Los modelos para llevar a cabo estas conductas serán adoptados de la cultura a la que el individuo pertenece (Ferrer, 2022). En esta idea, cada cultura ofrecerá diferentes elementos o contenidos asociados al rol de género, los cuales establecen expectativas y normas que se espera que las mujeres y los hombres desempeñen en contextos específicos (Bem, 1981).Dicho concepto no solo designa las funciones, sino que también dicta las pautas sobre la manera en que una persona debe de ser, sentir y actuar, según el sexo al que pertenece (Thomae & Houston, 2016). Según Ferrer (2022), el rol de género se refiere a la manifestación práctica del estereotipo vinculado al sexo, y puede variar con el tiempo, entre las sociedades y las culturas (Croft et al., 2020).
El rol varía según el género e indica su lugar en una estructura social que generalmente es desigual; como resultado, algunas actividades o características son consideradas más importantes o superiores en la sociedad. Los roles de género estereotipados para los hombres tienden a reforzar la expectativa de que deben ser proveedores, autosuficientes, dominantes, competitivos y asumir roles de liderazgo en la toma de decisiones (Eagly et al., 2020). Por otro lado, los roles de género estereotipados a las mujeres están vinculados a comportamientos como la comprensión, la gentileza, la docilidad, la calidez y actitudes asociadas al cuidado y bienestar de los demás (Eagly et al., 2020). En México, Balanta & Obispo (2022) señalan que los roles de género presentes en la población de adolescentes mexicanos están relacionados con la percepción de los hombres como un colectivo que goza de fuerza, libertad, poder, además del derecho a divertirse, consumir alcohol y trabajar, mientras que las mujeres son consideradas como frágiles, sensibles, atentas, delicadas y como personas que deben quedarse en casa. Esto evidencia que los roles de género de la mayoría de los adolescentes mexicanos se han formado dentro del sistema sexo/género (Balanta & Obispo, 2022; Salazar et al., 2020).
Para medir y analizar estos roles de género, es necesario considerar las normas y expectativas que establecen los parámetros sobre lo que se considera "correcto" o "incorrecto", en relación con los comportamientos y características asignadas a cada género. Las normas de género son reglas o pautas que determinan lo que es considerado apropiado para los hombres y las mujeres en diversos contextos (Cislaghi & Heise, 2020). Estas incluyen aspectos como la forma de vestir, el comportamiento esperado, la división de roles en la familia, la educación y el trabajo, entre otros.
Por otro lado, las expectativas de género están vinculadas con creencias y percepciones sobre lo que las mujeres y hombres, como miembros de una sociedad, deberían hacer o idealmente harían (Merma-Molina et al., 2021). Estas expectativas se consolidan como el "deber ser", el cual es evaluado mediante juicios y valoraciones que determinan lo que es apropiado o inapropiado dentro de cada contexto social (Martínez-Corona et al., 2014).
Si bien, existen diversos instrumentos que se han desarrollado para la operacionalización de los roles de género, la mayor parte se han construido y validado para población adulta. A pesar de que investigaciones confirman que factores sociales y culturales como los roles de género actúan tanto de forma directa como interactiva para predecir el uso de sustancias durante la adolescencia (Cosma et al., 2022), especialmente en la población mexicana (Kulis et al., 2012; Portela, 2021).
En lo que respecta a la medición de los roles de género en la población de adolescentes mexicanos relacionados con el consumo de drogas en los últimos años, se pueden destacar los trabajos realizados por Chávez-Ayala et al. (2013) quienes midieron el rol de género y uso de tabaco y alcohol en jóvenes de Morelos, México, tanto en hombres como en mujeres, basándose en el Inventario de Masculinidad y Feminidad (IMAFE; Lara-Cantú, 1993).
Por su parte, Kulis et al. (2008) y Kulis et al. (2012) emplearon la Escala de Roles Sexuales Australianos (ASR por sus siglas en inglés, Antill et al., 1981; Marsh & Myers, 1986; Ricciardelli & Williams, 1995; Russell & Antill, 1984) y el Inventario de Roles Sexuales (IRS, Lara-Cantú, 1989) para mapear los roles de género y el uso de sustancias en las personas adolescentes de la ciudad de Monterrey, México, y la población adolescente mexicano-estadounidense de séptimo grado de Phoenix, Arizona, de manera correspondiente.
Por su parte, Nagoshi et al. (2022) utilizaron escalas de roles de género adaptativos y desadaptativos (Antill et al., 1981; Marsh & Myers, 1986; Ricciardelli & Williams, 1995; Russell & Antill, 1984) para medir la relación rol de género con el consumo de alcohol en adolescentes mexicoamericanos y mexicoamericanas. Mientras que Vallejo-Alviter et al. (2023) hacen uso de la Escala de Roles de Género (Rocha, 2000) para evaluar roles de género con el consumo de drogas ilegales en la población adolescente de la ciudad de Veracruz, México.
Si bien, se vislumbra un avance en materia de roles de género en relación con el consumo de drogas, la mayoría de los instrumentos enlistados se han construido y validado para la población adulta (Antill et al., 1981; Lara-Cantú, 1989; Lara-Cantú, 1993). Además, se observan inventarios de medición que fueron elaborados en países distintos a México (Antill et al., 1981; Marsh & Myers, 1986; Ricciardelli & Williams, 1995; Russell & Antill, 1984), y que posiblemente no respondan a los contextos actuales.
Esto se debe a que los roles de género y las dinámicas asociadas al consumo de drogas varían significativamente en los diferentes contextos culturales, el género, y en función de factores como la edad.
Es por ello que la creación de nuevos instrumentos contextualizados y específicos no solo permitirá capturar adecuadamente la realidad de las y los adolescentes en México, sino que también contribuirá a la construcción de políticas y programas más inclusivos y eficaces. El objetivo de la presente investigación fue diseñar y obtener evidencias psicométricas de un instrumento que mida los roles de género en el consumo de drogas en adolescentes.
MÉTODO
Diseño
Este estudio emplea un enfoque instrumental-cuantitativo de corte transversal, pues el principal propósito de este estudio fue validar la escala denominada Escala de Roles de Género en el Consumo de Drogas en Adolescentes, a través de la obtención de evidencias de validez y confiabilidad, por lo que el diseño transversal facilita una evaluación eficiente de las relaciones entre las variables sin necesidad de seguimiento (Manterola et al., 2023).
Participantes
La muestra inicial estuvo integrada por 706 estudiantes de primer y segundo año de 13 escuelas secundarias públicas de 7 municipios del Estado de Sonora, de ellos el 70.5% pertenecientes al turno matutino y el 29.5% al turno vespertino, 45.8% eran hombres y 54.2% mujeres. El rango de edad fue de 11 a 13 años (ME = 12.6, DE = .58). La muestra fue elegida al azar, participaron dos grupos por turno de cada institución educativa dado que este tipo de muestreo garantiza la representatividad de la población y asegura que todos los individuos tengan la misma probabilidad de ser seleccionados, lo que minimiza el sesgo de selección (Martello & Cleve, 2024). Los criterios de inclusión considerados fueron ser estudiantes de primer y segundo año de secundaria.
Para analizar las posibles pruebas de validez de la escala, la muestra se dividió aleatoriamente en dos muestras independientes, seleccionadas y asignadas utilizando un diseño de muestreo auto seleccionado probabilístico con K2. La primera mitad se conformó por 353 estudiantes, el 52.7% fueron mujeres y el 47% hombres, con una media de edad de 12.65 años (DE = .60), y se utilizó para realizar el análisis factorial exploratorio (AFE). La segunda mitad estuvo compuesta por 353 estudiantes, de los cuales el 44.3% eran mujeres y el 55.7% hombres, con una edad promedio de 12.6 años (DE = .57), y se empleó para el análisis factorial confirmatorio (AFC).
Instrumento
Se aplicó la Escala Roles de Género en el Consumo de Drogas en Adolescentes, desarrollada exprofeso para esta investigación. Consta de 23 reactivos y se conforma por cuatro dimensiones que exploran aspectos relacionados con: 1. Expectativas sociales del consumo de drogas; 2. Motivos de consumo en mujeres; 3. Normas sociales del consumo de drogas, y 4. Motivos de consumo en hombres. Las preguntas se realizaron bajo una escala tipo Likert del 1 al 4 con las siguientes opciones de respuesta: muy de acuerdo, de acuerdo, en desacuerdo, muy en desacuerdo.
Procedimiento
El instrumento se construyó en tres etapas, en la primera se creó un banco de preguntas con el objetivo de proporcionar un número suficiente para una selección posterior. Se consultaron las bases de datos PubMed, Medline, PsycArticles, MedicLatina, SciELO y Redalyc para realizar una revisión de la literatura sobre los roles de género en el consumo de drogas, ingresando la ruta de búsqueda "(género) AND (consumo de drogas OR uso de sustancias OR consumo de sustancias)" como título/resumen. Después de un análisis de las referencias más pertinentes se crearon 30 ítems.
En la segunda fase, para determinar la validez del contenido, se convocó a especialistas en el tema a examinar el contenido de la escala. Según Lynn (1986), la validez de contenido requiere un mínimo de tres expertos y un máximo de 10 para obtener un buen resultado. Con base en esta propuesta, la valoración de la validez del contenido en este estudio tuvo la presencia de cuatro especialistas en el campo académico (Tay et al., 2020; Chin et al., 2022) con amplia experiencia en materia de investigación, consumo de drogas y género. Los expertos evaluaron la relevancia y la claridad de cada ítem.
La relevancia se refiere al grado en que el ítem es significativo o importante para el propósito de la evaluación, mientras que la claridad se refiere al grado en que el ítem se ha comprendido. Además, se proporcionaron preguntas abiertas para que todos los expertos pudieran dar sus recomendaciones sobre agregar, eliminar o modificar elementos. Para el análisis de los ítems se siguió el procedimiento realizado por Románi et al. (2007), para el cual se realizó una matriz para el análisis de los jueces, tomando como criterio que tres de los cuatro estuvieran de acuerdo con la relevancia y claridad del ítem. Los principales cambios derivados fueron la eliminación de 10 ítems, la transformación de cuatro ítems respecto a variaciones ortográficas y mejoras sintácticas, y un ítem se dividió en dos.
En la etapa final, para obtener validez referida al proceso de respuesta, se utilizó la técnica cualitativa de pensar en voz alta. En esta, se les solicitó a seis adolescentes de secundaria que expresaran su opinión en voz alta y de forma libre sobre cada ítem. Según Noushad et al. (2023), las investigaciones sobre el pensamiento en voz alta muestran que pueden generar resultados relevantes a partir de cinco participantes. Esta técnica permite interpretar sus respuestas, así como ratificar de inmediato las declaraciones que se hacen, a diferencia de otras técnicas de obtención de datos (Vain, 2012). La selección de los estudiantes se realizó a través de un muestreo en cadena, también conocido como bola de nieve. En este proceso se recuperaron unidades (transcripciones de texto original). Las preguntas fueron desarrolladas previamente, basadas en la propuesta de Mason et al. (2023). Los principales cambios derivados fueron la transformación de un ítem respecto a mejoras sintácticas y la creación de un nuevo ítem, obteniendo así 23 reactivos.
Análisis de datos
Inicialmente, la estructura de factores se llevó a cabo a través de un análisis factorial exploratorio (AFE); la estructura factorial resultante se examinó a través de un análisis factorial confirmatorio (AFC). Para el primer proceso se empleó el método de máxima verosimilitud, ya que no se encontraron datos con una distribución atípica. Los reactivos de la escala mostraron una distribución normal en los índices de asimetría y curtosis (Lloret-Segura et al., 2014; Pardo & Ruiz, 2005).
Se utilizó la técnica de rotación varimax. Los criterios para clasificar como apropiados los reactivos son que los valores de los pesos factoriales sean superiores a 0.40 y que un elemento no presente cargas factoriales similares en dos o más factores (Lloret-Segura et al. 2014). Se utilizó el software estadístico Statistical Packageforthe Social Sciences (SPSS) versión 22 en esta parte del proceso.
Después de que se llevó a cabo el AFC, se utilizaron los índices de ajuste absolutos (χ2), índice de ajuste normalizado (NFI) y el índice de no centralidad (CFI y RMSEA) para evaluar el ajuste del modelo. Se consideraron como indicadores de un óptimo ajuste valores de NFI y CFI superiores a .90 y de RMSEA inferiores a .08 (Byrne, 2001).
Para determinar la confiabilidad del instrumento se calculó el alfa de Cronbachy el Omega de MacDonald. En general, los valores son aceptables cuando son iguales o superiores a .70 y menores o iguales a .95 (George & Mallery, 2003).
Consideraciones éticas
Se solicitó autorización por parte de la Secretaría de Educación y Cultura del Estado de Sonora para la aplicación del instrumento en las instituciones educativas que optaron por participar de manera voluntaria. Previo a la aplicación, se envió el consentimiento a los padres de familia y el asentimiento de los estudiantes se entregó al momento de la evaluación. El instrumento se aplicó de manera grupal en las aulas de los estudiantes y respondieron solo los que otorgaron su asentimiento.
En todas las aplicaciones, las instrucciones se leyeron en voz alta. La confidencialidad y el anonimato de las respuestas de los estudiantes se garantizaron. La investigación fue evaluada y aprobada por el Comité de Ética en Investigación de la Universidad de Sonora (CEI-UNISON), apegado a su marco normativo y al de la Comisión Nacional de Bioética (CONBIOÉTICA).
RESULTADOS
Análisis Factorial Exploratorio
La obtención de evidencias psicométricas comenzó con el análisis de los 23 primeros reactivos de la Escala Roles de Género en el Consumo de Drogas en Adolescentes. Después, se generó estadística descriptiva a través de medidas de tendencia central, dispersión y forma (Tabla 1). Al examinar los rangos, se confirmó que todas las opciones de respuesta de cada reactivo tuvieron al menos una frecuencia. Sin embargo, al analizar la distribución se encontró que la mayoría no tenía direccionalidad. También, se realizaron pruebas de normalidad utilizando los índcices de asimetría y curtosis, que dieron valores por debajo de ± 2.000. Se realizó también una prueba de Shapiro-Wilk y se obtuvo una p significativa para cada reactivo (p = < .001)
Una vez analizadas las correlaciones entre los reactivos, se sometió la escala a un análisis factorial exploratorio (Taherdoost et al., 2022), el cual alcanzó KMO general de .921; la prueba de esfericidad de Bartlett generó una X2 de 2393.162 con 105 grados de libertad y una p de < .01. Con base en estos datos se concluye que es viable realizar un análisis factorial exploratorio. Sobre la base de los resultados anteriores, la estructura se construyó a partir de cuatro factores en los que solo se consideraron cargas factoriales con valores absolutos superiores a 0.40, lo que resultó en la eliminación de los reactivos 4, 5, 6, 7, 11, 17, 19 y 23.
Además, se descartaron los reactivos 14 y 15 debido a que muestran cargas similares en dos factores (ver Tabla 2). Como se observa, esto permitió que los 13 elementos restantes se agruparan en los cuatro factores mencionados. Para el primer factor, se contó con una varianza explicada de 17%, 15% para el factor dos, 14% para el factor tres y 14% para el factor cuatro. La varianza total de los cuatro factores fue de 62.7%. Finalmente, se calculó la confiabilidad mediante el Alfa de Cronbach y se obtuvo un valor alto (α = .909) según Cortina (1993) y Hair et al. (2004).
Análisis Factorial Confirmatorio
Después de obtener los resultados se sometieron a un análisis factorial confirmatorio para corroborar la estructura obtenida. Para la escala final (vea Figura 1), los índices de bondad de ajuste son adecuados (Hu & Bentler, 1999) X2 = 125.839, (gl = 59); p = < .001; NFI = .942; CFI = .968; RMSEA = .062; SRMR = .039. Finalmente, se calculó la confiabilidad mediante el Alfa de Cronbach, obteniendo un valor alto (α = .913) segúnCortina (1993) yHair et al. (2004), así como el Omega de McDonald, y se obtuvo un valor excelente (ω = .930) según George & Mallery (2003).
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Los resultados adquiridos tanto del análisis factorial exploratorio (AFE) como del análisis factorial confirmatorio (AFC) proporcionan una sólida evidencia de que el modelo teórico subyacente del instrumento es adecuado para la medición de los roles de género y el consumo en adolescentes mexicanos. Dado que el análisis factorial exploratorio (AFE) mostró una estructura factorial coherente, con factores que corresponden a las dimensiones teóricas esperadas, lo que sugiere que el instrumento capta correctamente los diferentes aspectos del constructo a examinar (normas, motivos y expectativas de género).
Mientras que el análisis factorial confirmatorio (AFC) indica que el modelo de medición es adecuado, ya que los índices de ajuste del modelo se mienta útil para investigaciones futuras. Este avance es relevante, ya que proporciona una manera más estructurada y accesible de analizar los roles en relación con el consumo de drogas, lo que hasta ahora había sido abordado de manera dispersa en la literatura (Fernández et al., 2019).
Además, es un instrumento contextualizado a la población adolescente mexicana, donde el aspecto cultural para el análisis de estas variables se torna fundamental y permite el uso de una escala de medición cercana al contexto actual, a diferencia de estudios realizados por Kulis et al. (2008) y Nagoshi et al. (2022), donde se miden roles en mexicanos con escala de otros países y que inicialmente se crearon para la población adulta.
Abordar la investigación de los roles de género en relación con el consumo de drogas con instrumentos que posean evidencia psicométrica facilita la medición precisa, permite comprender las principales diferencias en la población adolescente con respecto al uso de sustancias, y proporciona información valiosa sobre cómo las estructuras de poder y las expectativas sociales influyen en la salud y el bienestar de la población adolescente. Hoy en día se sabe que el consumo de sustancias se ve influenciado por normas y expectativas sociales que varían según el género (Hemsing & Greaves, 2020; Patró-Hernández et al., 2020), lo que puede modificar la forma en que las y los adolescentes mexicanos se relacionan con las drogas (Alvarez-Aguirre et al., 2021; Cosma et al., 2022; Vallejo-Alviter et al., 2023).
El reconocimiento de estas diferencias no solo facilitará la comprensión de las complejidades que subyacen a este fenómeno, sino que también abre nuevas oportunidades para desarrollar intervenciones más específicas y adaptadas a las realidades de la población adolescente, evitando enfoques homogéneos que no aborden las diferencias en las experiencias de consumo entre hombres y mujeres.
Si bien, tanto hombres como mujeres pueden estar expuestos a similares contextos sociales y culturales, las formas en que estas influencias afectan sus conductas pueden ser profundamente distintas (Mahalik et al., 2015; Portela, 2021).
Un programa de prevención que no tome en cuenta las dinámicas de poder y los roles de género podría ser ineficaz, ya que no aborda las motivaciones que impulsan a las y los adolescentes a consumir drogas. Así, esta investigación no solo amplía el conocimiento académico sobre el consumo de sustancias, sino que también tiene el potencial de influir en políticas públicas y estrategias educativas dirigidas a la prevención y el tratamiento del consumo de sustancias en adolescentes.
Limitaciones del estudio
El presente estudio tiene algunas limitaciones que conviene destacar para ayudar a futuras investigaciones sobre este tema. El hecho de que la muestra del estudio se desarrolle en un grupo de edad específico y en una zona geográfica específica, plantea la cuestión de si estos participantes podrían haber estado expuestos a contextos más o menos homogéneos, lo que limita la pertinencia del instrumento en contextos en los que las condiciones de los participantes fueran diferentes.
Además, la escala se basa en un enfoque binario de género, lo que excluye las experiencias de adolescentes no binarios, transgénero o de género fluido, esto puede limitar la generalización de los resultados de la investigación hacia dichos grupos, por lo que para garantizar que las inferencias y decisiones tomadas con este estudio sean pertinentes y útiles, es fundamental continuar evaluando y recopilando más evidencia empírica en otros contextos y con diferentes poblaciones. Este proceso asegurará que el instrumento se mantenga relevante y sensible a los cambios socioculturales a lo largo del tiempo.
FUENTES DE FINANCIAMIENTO
Para realizar este estudio se obtuvo financiamiento de la Secretaría de Educación y Cultura del Estado de Sonora y de la Universidad de Sonora.
CONFLICTOS DE INTERÉS
Los autores declaran no tener conflictos de interés.
CONTRIBUCIÓN DE LOS AUTORES
Mitzy Grinely Maldonado Osuna: conceptualización, metodología, análisis formal, curación de datos, redacción original.
Claudia Cecilia Norzagaray Benítez: investigación, curación de datos, revisión.
Ma. Guadalupe González Lizárraga: adquisición de fondos, validación, revisión final.
Gabriel Bernardo López Pérez: análisis, interpretación de resultados, validación.
REFERENCIAS
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