Revista Internacional de Investigación en Adicciones 2015 Vol. 1 (1)
ISSN versión impresa: 2448-573X
ISSN en línea: 2448-6396
DOI: 10.28931/riiad.2015.1.01

Editorial

¿Por qué una nueva revista de investigación científica en adicciones?

Roberto Tapia-Conyer 1

1 Editor Fundador de la RIIAD. Centros de Integración Juvenil, A.C., México

Roberto Tapia-Conyer. Centros de Integración Juvenil, A.C. Tlaxcala núm. 208, sexto piso, col. Hipódromo, del. Cuauhtémoc, C.P. 06100, Distrito Federal, México.

LA RELEVANCIA DE LA INVESTIGACIÓN EN ADICCIONES A NIVEL INTERNACIONAL

El consumo de alcohol, tabaco y drogas ilegales posee un alto impacto en la mortalidad y morbilidad de la población mundial y se encuentra entre los principales responsables tanto de mortalidad prematura como de años vividos con discapacidad en la mayoría de los países incluidos en estudios epidemiológicos internacionales (Degenhardt et al., 2008; Whiteford et al., 2013). Esta contribución del uso de sustancias a la carga mundial de enfermedad evidencia la necesidad de coordinar una respuesta internacional para contrarrestar el efecto nocivo a la salud pública.

Dicho problema se manifiesta de forma diferenciada en la población de cada país: a) en el nivel de uso de sustancias específicas (los países más desarrollados presentan un mayor consumo de alcohol y drogas ilegales), b) la capacidad del sistema de salud para tratar problemas asociados al consumo (los países con menor prevalencia de adicciones presentan recursos más limitados para su tratamiento), c) el mercado y la disponibilidad de drogas y d) los problemas biopsicosociales asociados con el consumo de sustancias (Degenhardt et al., 2008). Por lo tanto, la respuesta internacional debe descartar formular soluciones universales para el problema global del consumo de sustancias y considerar, en cambio, las diferencias entre países para aminorar su impacto en la salud pública (Becker & Kleinman, 2013).

En este sentido, la investigación juega un papel clave que impacta significativamente en distintas dimensiones y líneas de acción como: a) el desarrollo de políticas públicas orientadas al control de sustancias (regulaciones, impuestos y leyes sobre distribución, uso y posesión), b) la planeación de programas de atención y prevención de las adicciones, c) la provisión de servicios de tratamiento especializados que empleen, en la medida de lo posible, modelos basados en evidencia científica que fundamenten su pertinencia y costo-efectividad de forma sensible al contexto específico de su implementación (Patel et al., 2008; Strang et al., 2012).

De igual manera, se esperaría que la investigación sobre las adicciones esté orientada a generar evidencia que responda a las prioridades establecidas en las políticas a nivel local, faciliten su adopción y contribuyan a una adecuada sinergia entre investigación y práctica (Strang et al., 2012). En esta línea de pensamiento, el rigor científico y la diseminación de los avances de investigación sobre adicciones adquieren una dimensión ética importante, pues además de brindar datos precisos que informen sobre las prioridades de la política pública, dan mayor certidumbre sobre el potencial beneficio de las intervenciones dirigidas a mejorar el bienestar de la población.

Es por lo anterior que se considera fundamental contar con medios de diseminación que faciliten el debate científico internacional sobre los últimos descubrimientos en el campo de las adicciones (entre ellos las determinantes biológicas y ambientales, las prevalencias en poblaciones específicas, las tendencias epidemiológicas y las comorbilidades médicas y psiquiátricas) y sobre la eficacia y la efectividad de distintos esfuerzos para su prevención y tratamiento (Rawson, Rieckmann & Gust, 2014).

¿POR QUÉ UNA NUEVA REVISTA SOBRE EL TEMA?

Se ha documentado de manera amplia que los países en desarrollo no se encuentran adecuadamente representados en la publicación de trabajos científicos en materia de salud mental (lo que incluye al consumo de sustancias y las adicciones) (Patel & Kim, 2007; Razzouk et al., 2010; Saxena et al., 2006; Sumathipala, Siribaddana, & Patel, 2007). Dicha subrepresentación implica que los trabajos de investigación provenientes de estos países, con respecto a aquellos en los que tienen mayor nivel de ingresos, tienen una tasa mucho menor de aceptación para ser publicados por revistas científicas de alto impacto, así como un menor número de citas y descargas una vez que son publicados (Patel, 2007).

De la misma manera, la participación de los investigadores provenientes de países de mediano y bajo ingreso cuentan con una menor representación en los comités editoriales de las publicaciones especializadas (Horton, 2003). A esta situación contribuye también el hecho de que las revistas consideradas de “mayor impacto” o “rigor científico” (lo que en términos concretos se traduce en un mayor número de citas y, por tanto, mayor prestigio) son editadas en el idioma inglés, por lo que en la comunidad científica se piensa como “una verdad innegable” que publicar textos en este idioma es la única manera en la que se pueden comunicar hallazgos de investigación, como si esto fuera una garantía de calidad científica (De la Portilla-Geada, 2012).

Esto supone una barrera para los investigadores nacidos, formados y que trabajan en países no anglosajones, pues los obliga a redactar (y pensar) su labor científica en un lenguaje aprendido, así como a recurrir a servicios costosos de traducción y edición de trabajos o a buscar asociaciones con autores o centros de investigación de países de habla inglesa para poder comunicar sus hallazgos de investigación.

No es ninguna coincidencia que los científicos nacidos en países en desarrollo, pero radicados o educados en naciones de mayor ingreso, tengan más probabilidades de ser publicados (Alarcón, 2015).

Todo lo anterior provoca suspicacia sobre el estado actual de la ciencia y sugiere la existencia de un sesgo en los temas o enfoques de investigación de mayor interés para los países de mayor ingreso (Horton, 2003).

Esto se ha denominado la “brecha 10/90 (10/90 divide)” en referencia a que 90% de la investigación publicada en salud mental proviene de menos de 20 países de mayor ingreso (Saxena et al., 2006).

Esta situación es alarmante, pues es en las naciones de menor desarrollo donde se concentra la mayor proporción de la población mundial, que es justamente la que presenta una mayor vulnerabilidad a distintos factores de riesgo asociados con las adicciones y otros trastornos de la salud mental (por ejemplo acceso limitado a servicios de salud, enfermedades insuficientemente atendidas, violencia, inseguridad, inequidad en el nivel de ingreso, desempleo y analfabetismo, entre otras) (Razzouk et al., 2010; Saxena et al., 2007).

En el Plan de Salud Mental 2013-2020 de la Organización Mundial de la Salud (WHO, 2013) se reconoce como urgente la producción y diseminación de la evidencia científica local en estos contextos para hacer las intervenciones sobre adicciones más accesibles y costo efectivas, lo que contribuye al desarrollo económico de todos los países.

En el caso de Latinoamérica, se ha hecho énfasis en la necesidad de fortalecer la investigación sobre adicciones (Medina-Mora, Real, Villatoro, & Natera, 2013), pues se considera que la investigación en salud mental en esta región posee una identidad propia que debe hacer más visibles los trabajos que tratan temas específicos,como la salud de migrantes en tránsito y población indígena, y la proliferación de centros residenciales de ayuda-mutua operados por no-profesionales, temas que ponen a prueba la traslación de prácticas basadas en evidencia en contextos socio-culturales distintos, como los modelos colaborativos de manejo de casos en comunidades rurales (Alarcón, 2015; Patel, Chowdhari,Rahman, & Verdeli, 2011). A pesar de los esfuerzos de los investigadores latinoamericanos, las plataformas dediseminación para dichos trabajos son limitadas: de las 75 revistas médicas y científicas, editadas en 18 idiomas y dedicadas a la publicación de información científicos sobre las adicciones (International Society of Addiction Journal Editors, 2011), seis publican trabajos de investigación en español y únicamente dos están editadas en Latinoamérica.

La Revista Internacional de Investigación en Adicciones(RIIAD) surge como una iniciativa para contribuir a cerrar la brecha entre el desarrollo de la investigación científica sobre las adicciones en Latinoamérica y su diseminación, ya que desde su concepción, reconoce la necesidad de visibilizar los trabajos conducidos con alta calidad científica provenientes de entornos distintos a los países desarrollados. Para lograrlo, la RIIAD evaluará rigurosamente la calidad científica de los trabajos publicados en cada número, independientemente de su lugar de origen, y dará espacio a textos escritos en español o inglés, para así facilitar la comunicación de la evidencia científica entre el público de distintos países. El objetivo de este esfuerzo académico es que con el paso del tiempo, la Revista se establezca como una fuente confiable de evidencia actualizada en el campo de las adicciones a nivel internacional.

Al tener el honor de presentar el primer número, extiendo una cordial invitación a investigadores de distintas disciplinas, clínicos y líderes de políticas públicas en adicciones a considerar esta publicación como una herramienta útil para informar sobre los avances y hallazgos de sus trabajos científicos.

BREVE SEMBLANZA

Roberto Tapia-Conyer es médico especialista en políticas de salud, maestro en Salud Pública y en Ciencias por la Universidad de Harvard y doctor en Ciencias de la Salud por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Actualmente, es director general de la Fundación Carlos Slim y presidente del Patronato Nacional de Centros de Integración Juvenil. Es autor de El Manual de Salud Pública (3ra. ed.) y del libro Las adicciones: impacto y perspectiva (2da. ed.). Diseñó e implementó el actual Sistema de Vigilancia Epidemiológica de las Adicciones en México y realizó la primera Encuesta Nacional de Adicciones en el país.

Es miembro de las Academias Nacionales de Medicina y Cirugía, así como de la Academia Mexicana de Ciencias. Es investigador Nivel III del Sistema Nacional de Investigadores, miembro del Comité Asesor de la Iniciativa de la Universidad de California con México (UC-México), y miembro del Consejo Asesor Científico y Médico del ISSSTE.

REFERENCIAS

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Becker, A. E., & Kleinman, A. (2013). Mental health and the global agenda. New England Journal of Medicine, 369(1), 66-73. doi: 10.1056/NEJMra1110827

De la Portilla-Geada, N. (2012). Publicar sobre Psiquiatría:¿ en español... o en inglés?. Salud Mental, 35(6), 459-464.

Horton, R. (2003). Medical journals: evidence of bias against the diseases of poverty. The Lancet, 361(9359), 712-713. doi: http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(03)12665-7

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Medina-Mora, M. E., Real, T., Villatoro, J., & Natera, G. (2013). Las drogas y la salud pública:¿ hacia dónde vamos?. Salud Pública de México, 55(1), 67-73.

Patel, V. (2007). Closing the 10/90 divide in global mental health research. Acta Psychiatrica Scandinavica, 115(4), 257-259. doi: 10.1111/j.1600-0447.2007.01012.x

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Patel, V., Garrison, P., de Jesus-Mari, J., Minas, H., Prince, M., Saxena, S., & Advisory group of the Movement for Global Mental Health. (2008). The Lancet’s series on global mental health: 1 year on. The Lancet, 372(9646), 1354-1357. doi: 10.1016/ S0140-6736(08)61556-1

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Strang, J., Babor, T., Caulkins, J., Fischer, B., Foxcroft, D., & Humphreys, K. (2012). Drug policy and the public good: evidence for effective interventions.The Lancet, 379(9810), 71-83. doi: 10.1016/S0140-6736(11)61674-7.

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World Health Organization. (2013). Mental Health Action Plan 2013- 2020. Geneva, Switzerland: WHO Document Production Services.

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